Si aún no han probado el nuevo servicio Plinky.com no deberían tardar demasiado: ¡todo el mundo habla de él en la tecnosfera! Básicamente se trata de un sistema de creación de contenidos para blogueros vagos. Si usted es de los que ha tenido que mantener un blog y llenarlo de contenido con una cierta regularidad, se habrá encontrado con el clásico problema de todo bloguero que se precie: la falta de inspiración. El bloqueo del escritor, vaya. Uno decide que quiere escribir, se planta frente al editor de textos, empieza a pensar... ¡y no se le ocurre nada! Con el tiempo, el blog termina muriendo de inanición.
Plinky solventa esta cuestión generando preguntas cada vez que uno se conecta a la web: ¿qué película es la ideal para cuando estás en cama resfriado?, ¿qué vicio inconfesable tienes? , y así. Uno contesta "Regreso al futuro", automáticamente aparece el cartel de la película en pantalla y te solicita una breve descripción del argumento y porqué consideras que ese film en concreto es el ideal. Posteas el resultado en Plinky, y el propio servicio lo redirige a tu blog, a Twitter, a tu Facebook y donde haga falta. De este modo, de bloguero sin ideas a bloguero hiperactivo en cuatro días, resultados garantizados.
El problema que yo le veo al invento es que al final el contenido no es tanto del autor como de los creadores de Plinky. Si uno se limita a contestar preguntas sugeridas cada vez que desea redactar un post presuntamente personal, al final el resultado tiende a ser un pelín aséptico (por no decir otra cosa). Encima, si todo el mundo contesta a las mismas preguntas habrá por ahí toda una serie de blogs clonados (ahora que lo pienso, ya los hay) y la originalidad brillará por su ausencia. ¿Lo siguiente que será? ¿Que un robot te escriba cada día los posts en función de cuatro parámetros básicos que uno introducirá cuando se dé de alta en el servicio? ¿Realmente es ése el sentido de un blog?
No sé, en una era en la que si algo sobra es la generación de contenidos, no creo que un invento como éste sea lo más ideal para motivar bitácoras de calidad. Aunque puede que me equivoque, ciertamente, y no sería la primera vez (¿alguien recuerda que puse a parir Twitter cuando salió?). Aguardaremos acontecimientos. De momento, es el producto hot del mes.
De nuevo ha retomado el vuelo el rumor de que Google va a lanzar su famoso Google Web Drive, esa especie de disco duro virtual infinito que permitirá a los usuarios almacenar toda su información sin tener que preocuparse por cosas tan nimias como las copias de seguridad. No sé si el invento se hará realidad en un futuro próximo ni tampoco sé si será Google quien lo lanzará definitivamente, pero con la irrupción del famoso cloud computing parece claro que los pasos van dirigidos hacia ese fin.
Y claro, a la que esta clase de ideas empiezan a convertirse en una realidad tangible, surgen los agoreros y los cautos por todas las esquinas. Me ha hecho bastante gracia un post de Jason Scott que nos avisa de los peligros de tener toda nuestra información (¿confidencial?) almacenada exclusivamente en la red. El título no podía ser más explícito: Fuck the cloud, y creo que merece echarle un vistazo aunque sólo sea por recordar ciertos conceptos fundamentales.
Porque a la larga, todos nos vamos a tener que plantear esta disyuntiva: ¿nos fiamos de la dichosa nube para guardar nuestros datos privados?

Observen el twit de aquí arriba: se emitió hace una semana y dejó a la comunidad microbloguera impactada. Automáticamente, la gente se apresuró a difundir la noticia y no fue hasta unas horas más tarde, cuando el mensaje se retiró de Twitter, que la gente comprendió que era falsa. Lo cual levantó bastantes suspicacias sobre la difusión de la información en las redes sociales, sobre todo teniendo en cuenta que procedía de una de las fuentes (autoproclamada) más fiables del universo twittero.
Y lo cierto es que da que pensar, ¿no? Teniendo en cuenta la velocidad a la que se expanden las noticias en internet y que mucha gente hoy día se informa exclusivamente de este canal, ¿qué podría suceder si alguno de los gurús sociales se dedicara a inventar bulos en beneficio propio o si algun proveedor de noticias fuera hackeado por mera diversión? ¿Podría llegar a cundir el pánico, aunque sólo fuera virtualmente?
¿Vale la pena pagar por una cuenta de correo electrónico hoy en día, cuando la capacidad de almacenaje en los servidores externos es tan barata que se cubre con la publicidad integrada de los propios servicios? En Yahoo! el almacenamiento ilimitado ya sale casi gratis, en Gmail prácticamente (el límite actual es de unos 7.200 MB, pero va aumentando día a día), y no sé yo si el tema de tener un dominio propio vale ya tanto la pena, máxime cuando nadie se lo sabe, cuando hay posibilidades de hosting gratuitas, y cuando lo único que cuenta es que salgas lo más arriba posible en los resultados de Google, por muy estrafalario que sea tu dominio. Además, tener una dirección terminada en gmail.com tal vez no vista tanto como minegocio.com, pero diría que al 99% de los mortales les importa un bledo. En todo caso, esta razón de "prestigio" es la única que en principio justificaría el pago de un servidor de webmail privado, pero sigue sin parecerme lógico a tenor de mi propia experiencia.
Cada vez que tengo que dar por teléfono una dirección de correo eléctronico a mis proveedores o clientes la conversación se convierte en un galimatías de guiones altos o bajos (no sé porqué la gente no aprende de una vez que en direcciones de mail sólo sirven los guiones altos), de deletreo de letras y de confirmaciones y recontraconfirmaciones, para que al final el que lo manda (aunque se lo hayas copiado en un papel o le hayas entregado una tarjeta) lo teclee mal y termine por no llegarte. Hay veces que incluso opto por mandarles yo un mail a ellos para que se limiten a contestarme, tanto miedo me da la capacidad de mi interlocutor en esos casos. La cuestión es que desde hace medio año mi Gmail controla también mis cuentas de negocio con dominio propio, y como todo me llega a la misma bandeja de entrada, en la mayoría de los casos opto por dar mi dirección de Gmail y santas pascuas: es un dominio reconocido por todo el mundo y no suele ocasionar pérdida de prestigio, más bien al contrario.
Mi consejo es que antes de pagar por un dominio propio la mar de complicado (los buenos suelen estar siempre pillados), para el correo electrónico al menos se use siempre Gmail, Yahoo! o Hotmail, que dada su popularidad facilita la recepción adecuada de los e-mails. Eso sí, empieza a ser difícil también encontrar una dirección de Gmail con un nombre sencillo...
Si lo que cuentan en el Wall Street Journal es cierto, en breve dispondremos en el salón de televisores con internet integrado, merced a una alianza entre Netflix y LG. Se trata de una vieja aspiración de los fabricantes y los consumidores, aunque hasta el momento las bajas resoluciones de las pantallas catódicas y la imposibilidad de navegar con comodidad con un miserable mando a distancia eran unos obstáculos la mar de serios para que la iniciativa prosperase. En cambio, con los HDTV de hoy y los teclados y ratones inalámbricos ya sólo era cuestión de tiempo que algún fabricante se animara a implantar en serio un sistema que permitiera conjugar ambos inventos.
Me llama la atención que el acuerdo que propicie la iniciativa sea precisamente con Netflix, una web que ofrece descargas de películas a tiempo real. De tener éxito, auguro grandes problemas para los canales de televisión convencionales. Siempre se ha sostenido que en el futuro los contenidos serían "a demanda", convirtiendo a la caja tonta del salón en una tecnología "push" en vez de la sumisión pasiva contemporánea. Actualmente ya somos muchos los que confeccionamos nuestra propia parrilla televisiva a través del sistema de torrents, y con la aparición de la alta definición en Youtube y demás adelantos tecnológicos (Joost, Hulu y otros) no tardaremos mucho en acceder a esta clase de contenidos en tiempo real. Si encima nos proporcionan una televisión adaptada a internet, no resultaría descabellado afirmar que la TDT (de reciente implantación en nuestro país) tiene los días contados antes de empezar.
Supongo que a todos les habrá sucedido: entran en una web, accidentalmente pasan por encima de una dirección de correo y le dan al click y, sin saber cómo, se les abre un programa de correo electrónico independiente del navegador con un mensaje para esa dirección. Simultaneamente, el programa en cuestión se pone a descargar tropecientos mails, lo que les obliga a desviar la atención de lo que estaban haciendo.
Los enlaces mailto son un engorro considerable, pero aún lo son más si, como es mi caso, nuestro gestor de correo predeterminado es Gmail. Si estamos en Windows, abren el Outlook Express; si estamos en Mac, abren el Mail; si estamos en Linux, abren el Evolution. En todos estos ejemplos se trata de programas que no usamos para nada o, en el mejor de los casos, como recipientes para alguna cuenta de correo secundario o basura. Sí, ya sé que existe algún plugin para Firefox que permite abrir todos los enlaces mailto directamente desde Gmail, pero casi nadie se toma la molestia de activarlo porque, afrontémoslo, no pensamos pinchar sobre ninguno de estos enlaces cuando navegamos (y eso sin contar que la mayoría de los usuarios desconocen la existencia de tal plugin).
Para el administrador de la página web los enlaces mailto también resultan un engorro, pues hay multitud de bots por internet que lo único que hacen es buscar este tipo de enlaces para automáticamente mandar un millar de correos spam sobre alargamientos de pene, ofertas de trabajo milagrosas, contratos hipotecarios surrealistas y venta al por mayor de pastillitas azules. Claro, la mayoría de administradores usan un pequeño truco para sortear el problema, consistente en sustituir en el mailto la dirección de correo por una expresión del tipo nombre[arroba]dominio[punto]com. Todo muy bonito y efectivo pero a la que uno de los pocos visitantes interesados pincha en el enlace deberá caer en la cuenta de sustituir los corchetes por el símbolo correspondiente. Y, una vez más, los pocos que se deciden a escribir un mail no suelen entender la razón del asunto.
Por todo ello, debería evitarse la utilización de los enlaces mailto en las páginas web al máximo. A mí siempre me han parecido un fastidio, por todo lo expuesto y porque existen los formularios de contacto, que hacen lo mismo sin tantos inconvenientes.
¿Hay diferencia entre un blog y un tumblelog? En un principio los blogs eran tumblelogs, luego evolucionaron generando más contenido, luego alguien sacó los tumblelogs para rememorar los inicios del invento, ahora estos tumblelogs poco a poco se van transformando nuevamente en blogs. Cada vez que un servicio de tumblelogs se sofistica para parecerse más a las bitácoras tradicionales, surge un nuevo invento mucho más sencillo que pretende volver al minimalismo y la simplicidad de los orígenes.
Pasó primero con Tumblr y muchos dejaron sus blogs por un invento mucho más fácil de usar. A medida que se le han añadido prestaciones, uno vuelve a complicarse la vida y termina por querer un chute del back to basics. Esa necesidad la cubre Posterous, pero parece que el degoteo de nuevas funcionalidades también está llegando a esta novísima plataforma. Y si uno es amante de los tumblelogs, ¿por cuál es mejor decantarse?
- Posterous ofrece la posibilidad de publicar contenido vía mail como principal atractivo, aunque la verdad es que eso también es posible desde Tumblr (ver esta lista de posibilidades)
- Tumblr ofrece plantillas personalizadas (véase un listado), cosa que de momento en Posterous aún no es posible (aunque todo se andará)
- Posterous permite agregar comentarios, mientras que Tumblr no (aunque hay que decir que no cuesta nada añadir un sistema de comentarios vía Haloscan o Disqus)
Dos filosofías que van acercándose, y que al final terminarán mezclándose con la de los blogs (ya existen numerosas plantillas de formato tumblelog para Wordpress, por ejemplo). ¿Cuál es mejor? Depende de las necesidades de cada uno, pero yo me inclino por Twitwall como sistema de tumblelogs ideal. :)
Mis dos creaciones de formato tumblelog:
Ustedes dirán...
En un contexto de crisis económica como el actual parece lógico pensar que la gente que desee adquirir un nuevo ordenador personal se fijará mucho en el precio, dado que las prestaciones de hardware de la mayoría de los aparatos es bastante similar, sobre todo para el usuario medio, alguien que lo único que quiere es navegar por internet, usar alguna suite ofimática, escuchar música y ver películas. Y de entre todas las opciones que existen en el mercado la que mejor se ajusta a estos requisitos es la nueva gama de netbooks. De ahí que la mayoría de fabricantes (excepto Apple, que sigue obsesionada en mantener su cuota de mercado elitista) haya sacado su línea de ultraportátiles para competir con el fenómeno Asus, el primero que dio el golpe en el mercado y que tan buenos resultados ha obtenido.
Ocurre que los portátiles convencionales, al verle las orejas al lobo, están limitando también sus prestaciones para ajustar el precio y que los netbooks poco a poco van sacando mejores características a costa de aumentarlo levemente. Por tanto, en un futuro ambas líneas de portátiles tenderán a converger en un punto medio, y la pregunta es: ¿qué producto será el que mande en el mercado cuando esto suceda? ¿qué forma tendrá? ¿se parecerá más a un portátil convencional o a un ultraportátil? Hay quien opina que este producto estrella no será otro que el famoso tablet que en su día intentó impulsar Microsoft con tan poco éxito, basándose en su comodidad de uso (que lo acerca a la practicidad del ultraportátil) y en sus amplias prestaciones (que lo acercan a las del portátil convencional), al margen de ese plus de diseño que todo usuario busca a la hora de comprar.
La semana pasada surgieron rumores de que el sistema operativo de Google, el celebérrimo Android, iba a instalarse de serie en una nueva gama de netbooks. Tampoco es que fuera una gran sorpresa, pues parecía lógico que una apuesta como Android no iba a restringirse únicamente al mercado de los teléfonos móviles. De convertirse en realidad esta noticia, amén de una más que probable lluvia de millones para Google, nos daría la pista sobre qué tipo de netbooks iban a arrasar en el futuro inmediato: los que salgan de la factoría del buscador más popular del planeta.
Debo reconocer que al leer la crítica que Jason Perlow le hace al último beta build de Windows 7 casi me compadezco de la compañía de Gates (ahora ya retirado) y Ballmer. Una vez más, la crítica más evidente es que no supera ni de lejos a Windows XP y que las mejoras que ofrece respecto a Vista siguen estando por debajo de la versión XP, amén de seguir complicando el acceso a ciertas funciones que hasta Vista todo usuario de Microsoft tenía bastante claras.
El problema de Microsoft para mí es claro: se dan cuenta de que su sistema operativo se está quedando anticuado (sobre todo frente al sencillísimo y elegante funcionamiento del OS X) y se ven en la obligación de repensarlo desde cero pero sin caer en el plagio de sus competidores. Y claro, el resultado suele ser nefasto porque, de entrada, la gente que se ha acostumbrado a utilizar el sistema Windows no tiene ganas de que le cambien la configuración complicándole la experiencia (aún es hora de que me familiarice con el "intuitivo" menú de la última versión de su Office) y, por otro lado, los supuestos avances siguen quedando lejos de la eficacia que ofrecen las alternativas de Apple y Linux. Por no hablar de la cantidad de programas que aparecen en la nube de internet de forma más o menos gratuita y que son la mar de simples, para los que basta un buen navegador que permita acceder a todas las utilidades que un sistema operativo convencional pueda ofrecer.
Tal vez ha llegado el momento de que Microsoft comprenda que le está pasando la época de ser el sistema operativo de referencia en los ordenadores personales (en los de oficina aún aguantará un poco más) y se dedique a una nueva gama de productos que pueda sorprender a su -cada día más- desilusionada audiencia. ¿Tal vez Windows Azure sea la respuesta?
Creo que Louis Gray da en el clavo en este post en el que habla de las ventajas del RSS respecto a los clásicos "favoritos" del navegador. Es algo que me ha pasado a mí gradualmente, y supongo que poco a poco se convierte en una tendencia clara en internet: la gente ya no usa los favoritos de su navegador para entrar en las webs que va siguiendo, sino que añade cada dirección en su lector de noticias RSS y espera a que las actualizaciones le lleguen directamente a su bandeja de entrada.
Hay varios motivos para que esto sea así, pero diría que el principal es que las webs interesantes casi todas tienen un formato "blog", es decir, que se van actualizando periódicamente en bloques independientes, ya sean posts, noticias, actualizaciones de aplicaciones o nuevos contenidos multimedia. Para el resto de páginas (las que no se actualizan, léase aquella web en la que hay un juego java que nos gusta o aquella otra en la que se encuentra el buscador de turno) ya tenemos servicios como del.icio.us o google notebook, fácilmente accesibles desde cualquier ordenador que utilicemos.
El único problema es que usando Google Reader, por ejemplo, los artículos se leen y después se olvidan, con lo cual cuesta Dios y ayuda localizarlos en el futuro. De acuerdo, existe la posibilidad de añadirles una "estrella" para poder seguir los que te han interesado, pero habría que poder acceder a estos posts de una forma organizada (por carpetas, también, o usando un buscador avanzado). Una vez se solvente este problema, creo que los lectores como Google Reader terminarán por quedarse con el 100% de los favoritos.



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